Marta REBÓN

En la ciudad líquida

PRH, 2017

La prensa ha dicho...

«Gran indagación/divagación a la europea, aunque su mirada se detenga largo tiempo en la cultura rusa o visite África y Latinoamérica, el libro incorpora numerosas fotografías que no son mero acompañamiento sino parte integral del proyecto. En ellas, como en la prosa elegantísima de la autora, se descubre una capacidad evocadora para el misterio, incluso cuando su estructura es casi matemática. (…) Bajo la corriente intrincada y diversa de las ciudades líquidas que se engarzan en este libro, se halla sumergida una narración insustituible». – Nadal Suau, El Cultural (El Mundo)

 «Marta Rebón ha escrito un libro magistral descifrando cómo las vidas, los escenarios y las obras de escritores magistrales la han construido como lectora, como viajera, como traductora y, en definitiva, como persona… Obra riquísima que funciona en varios planos simultáneos igual de profundos y bien ejecutados –ensayo sobre el desarraigo y la melancolía, análisis biográfico-literario, meditación sobre la identidad, impresiones viajeras, interrogantes sobre el oficio de traductor-, Marta Rebón reclama para sí esta frase de Virginia Woolf: “Penetraba en todas las cosas como un cuchillo; y a la vez, se quedaba fuera observando». – Antonio Lozano, Cultura/s (La Vanguardia)

«Marta Rebón es una gran traductora porque simpatiza con cada libro que vierte al español o al catalán. Es precisa y flexible, y también arriesgada. Todas estas cualidades caracterizan En la ciudad líquida, un libro en la tradición de Praga mágica, de Angelo Maria Ripellino; El Danubio, de Claudio Magris, o El viaje, de Sergio Pitol. Es decir: un sabio manual de la literatura como forma de vida... La escritura se experimenta como un vagabundeo, con evidente gusto por las digresiones, nunca caprichosa, nómada, horizontal, sin demorarse ni acelerarse. Rebón sabe qué momentos valiosos de la cultura universal debe iluminar. Se toma su tiempo. No tiene prisa por llegar porque lleva su hogar a cuestas». – Carlos Pardo, Babelia (El País)

«Por estas páginas desfilan algunas de las ciudades en las que Marta Rebón ha vivido: Quito, Moscú, San Petersburgo, Tánger, Oporto. También nos encontramos con aproximaciones a esas dos piedras angulares que son Dostoievski y Tolstói, y con anécdotas de autores que se exiliaron voluntariamente, como Paul y Jane Bowles o Juan Goytisolo. En la ciudad líquida es una obra pedagógica en el mejor de los sentidos, que quizás sea también el único, a saber: trasmitir pasión. Sin ella, no hay curiosidad que valga, y tampoco conocimiento. Porque sólo se conoce bien lo que se ama. O su reverso negativo: lo que se odia, pero se quiere trasmutar en amor».  – Elvira Navarro, Mujeres a seguir

«Este libro se construye, como San Petersburgo, sobre un elemento móvil, líquido. Está lleno de carambolas, de lugares compartidos, de espacios transformados por la memoria, por el conocimiento y el amor a una lengua y su cultura. Brodsky sentado en la maleta con la que huiría de la Unión Soviética, Chéjov tosiendo sangre en la mesa de un restaurante, el quijotismo de Dombrovski, la cuerda por la que Marina Tsvietáieva subía a su casa en Arbat, los remordimientos de Vasili Grossman. En cada página hay un nombre, y a cada nombre lo acompaña un fondo urbano y sentimental, literario e histórico, que forma, hoja a hoja, el mapa de las lecturas de Rebón, su mapa de lectora y fotógrafa y traductora de obras como Una saga moscovita, Vida y destino, Sofia Petrovna o El maestro y Margarita». – Rafael Castaño, Estado crítico

Sinopsis

Las ciudades líquidas son aquellas cuyos contornos se reflejan en las aguas de un río o de un mar, como San Petersburgo, Tánger, Moscú u Oporto. Para la autora, son también una metáfora del espacio interior en que uno se sumerge cuando, en estado de suspensión, se lee, se traduce o se escribe. Esta obra es un homenaje a autores como Chéjov, Dostoievski, Pasternak, Brodsky, Nabokov, Jane y Paul Bowles, Elizabeth Bishop o Lidia Chukóvskaia, entre muchos otros, y es un homenaje también a la palabra y a su doble filo, ya que en ella habitan a la vez la silueta y su reflejo, como ciudad líquida que también es.