Pepa AGUAR

El que em queda de tu

Edicions 62, 2021 | What I Have Left From You

Premios

Premio Joanot Martorell 2020

La prensa ha dicho...

«Una prosa sensorial y delicada viste el relato de una hija que se despide poco a poco de su madre, encarcelada por el Alzheimer. Un relato sincero, medido y emotivo.» Valeria Gaillard

«Una novela que trata con impulso lírico, delicadeza y capacidad de golpear el deterioro personal, la disolución dolorosa de la memoria. Narrativa de los sentimientos abordada con una prosa vigorosa y límpida» Xavier Aliaga

«Conmovedora, inteligente y llena de imágenes poéticas, así es la primera novela de Pepa Aguar, un canto a la vida y un homenaje a la literatura con mayúsculas.» Laura Ferrero

«Una voz poderosa, única y humilde. Un texto muy vivo, muy orgánico y alegre a través del cual reconstruye sus recuerdos. La novela de Pepa es nuestro pueblo de infancia.» Lolita Bosch

Sinopsis

Una novela desgarradora acerca de madres, hijas y una cruel enfermedad que condena al olvido. El debut literario de Pepa Aguar.

El olvido siega la belleza de los instantes de una vida. Poco a poco pero deprisa la madre que era tu madre se va desvaneciendo. Su instantes brillantes cada vez son más escasos: ya no te da besos llenos de ternura y de alegría y ya no pronuncia tan a menudo tu nombre. Porque todo esto era antes de que el verbo recordar tuviera cuerpo y tuviera peso. De un tiempo a esta parte, la Fineta ya no es la que era. Una enfermedad cruel, impuesta y triste, le nubla la mente. Todo lo que formaba parte de su vida —la tienda de fruta en el pueblo de Benetússer, cerca de Valencia, los encuentros con parientes y vecinos, las historias de la abuela Teresa, que atesoraba— está condenado al olvido. Solo los retornos esporádicas de su hija en el pueblo, de donde hace años que se fue para estudiar y trabajar en Barcelona, ​​alejándose de su gente, le devuelven alguna chispa de memoria y lucidez.

El que em queda de tu habla de mujeres, de abuelas, de madres y de hijas, y de las palabras que quedaron por decir. Asistimos impotentes a la liturgia de una enfermedad que inevitablemente arrastra al olvido. Pero en el proceso de la pérdida, asistimos también a la liturgia del recuerdo, una liturgia milenaria que tiene nombres, que tiene cuerpo, que tiene peso y tiene luz y que nos acaba ofreciendo un retrato de tres mujeres de una generación de la misma familia.